domingo, 30 de agosto de 2009

DICEN...


Dicen que somos caracoles, siempre han ido tan de prisa, que nunca se han parado a pensar hacía donde iban. Dicen que tenemos veneno en la sangre, que no sabemos hacer nada más que no hacer nada, que somos la generación que ha de levantar a otras generaciones, y nos ven sin ganas... Pero ellos solo dicen... y dicen... y siguen diciendo... Ellos nunca preguntan, no entienden que quizá estemos abriendo los ojos, abriendo los ojos al fin. Que quizá somos esa generación que va a reinventar el planeta, porque el planeta está triste, y eso no lo dicen, de eso no hablan. Hablan de guerras, dicen que saben mucho de epidemias futuras que acabarán con la humanidad... Pero nada más, poco más. Saben bien de lo que está mal. Eso lo dominan. ¿Pero... hay algo que esté bien? Los caracoles seguro que pensamos que sí. Por eso no tenemos prisa. Nos gusta saborear cada surco de pasto, hilvanar un segundo tras otro, sin esperar o pensar en cuánto nos queda... Cuánto nos queda, ellos se lo preguntan mucho. ¿Cuánto me queda? Se preguntan los unos a los otros... Y si no lo preguntan es porque no se atreven, pero lo piensan, están continuamente pensándolo. Los caracoles no les culpamos, sabemos que ellos son así, tan solo esperamos que un día se den cuenta, que lo que les queda, respira justo al lado de ellos, en este mismo momento. Los caracoles también deseamos cada atardecer, con fuerza, que abran los ojos. Por ellos, sí, claro, pero también por nosotros. Y es que a veces, llevan tanta prisa que no tienen los ojos despiertos, y entonces no respetan nuestro ritmo, y como si fueramos la simple nada que se cruza en su camino, nos pisan, sin mirar, pero nos pisan, y es en ese preciso momento cuando nuestro momento, que parecía eterno se termina, y ellos siguen su marcha, sin ni tan siquiera preguntarse, al vernos aplastados en medio de la cera, cuánto nos quedaba. Cuánto nos quedaba, a nosotros,a los que siempre nos pareció todo tan eterno...

2 comentarios:

  1. Me gustan los caracoles y las historias de caracoles. Me gusta cómo esconden los cuernos cuando se los tocas. Me gustan los huevos blancos que son los caracoles del futuro. Me gusta rajar la bolsa que contiene caracoles en el mercado para darles libertad. Me gusta contemplar la huella babosa que dejan los caracoles en su tranquilo devenir por el sendero de la vida. Y también me gusta el crujido que hacen cuando los aplasto por el camino.
    Un minuto de silencio por todos aquellos caracoles aplastados en lo mejor de sus vidas por crueles e irreflexivas suelas de zapatos.
    Me ha gustado tu historia.

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