
Un día la quiso, pero nadie le creyó. Ni tan siquiera ella le creyó.
—¿Cómo me vas a querer?—Le preguntó la chica.
—Pues no sé, te quiero. Siento que te quiero, hay algo que me hace sospechar que te quiero.
—¿Y desde cuando me quieres? ¿Desde ayer? ¿Desde hoy? No nos hemos visto casi…
—¿Y qué? La gente debería quererse sin conocerse. Mejor eso que matarnos todos con todos, que ir todos contra todos, ¿no?
—Eres raro...—Concluyó ella.
Y ambos concluyeron también. Él no quiso luchar por ella, porque ella nunca se lo pidió. Y ella… ella tenía miedo. Miedo de sufrir y miedo de pasárselo bien.
A veces la gente camina miedo, duerme miedo, bebe y come miedo, y por supuesto, llora miedo. Él hace tiempo me dijo, que el miedo era lo contrario del amor, yo, torpe de mí le contesté rápidamente: “Será el desamor lo contrario del amor, ¿no?” Que tonto estaba, ahora entiendo aquello que me dijo. Lo veo pasear sin rumbo, porque desde que la conoció ya no tiene un rumbo fijo, y entonces lo comprendo. A veces sale a la calle con la excusa de tragar aire, pero tan solo sale para forzar un encontronazo casual con ella, y que las cosas se arreglen… De todas formas, si tanto la busca y nunca se la encuentra, será que alguien no quiere ser encontrada, o que él, en realidad, tampoco hace mucho por buscarla. Yo de ella se muy poco, sé que es muy bonita, que tiene cara de Luna, sí, de Luna, no sé como explicarlo. De esas caras que necesitas mirar cuando te sientes muy solo, cómo la Luna… No sé, nunca fui un “Sabina”. Hubo un tiempo que lo intenté, pero creo que no era ese mi papel en la Tierra.
De ella hoy ya no se nada, de él lo sé todo. Y a veces, le agarro del alma y le digo: “¿Por qué no sales a buscar otro amor?” Y él me contesta: “Porque tengo miedo”, y siempre añade “¿Ves como el miedo es lo contrario del amor?”… Ahora le entiendo, que tonto estuve entonces… Ahora entiendo todo aquello que me dijo.
—¿Cómo me vas a querer?—Le preguntó la chica.
—Pues no sé, te quiero. Siento que te quiero, hay algo que me hace sospechar que te quiero.
—¿Y desde cuando me quieres? ¿Desde ayer? ¿Desde hoy? No nos hemos visto casi…
—¿Y qué? La gente debería quererse sin conocerse. Mejor eso que matarnos todos con todos, que ir todos contra todos, ¿no?
—Eres raro...—Concluyó ella.
Y ambos concluyeron también. Él no quiso luchar por ella, porque ella nunca se lo pidió. Y ella… ella tenía miedo. Miedo de sufrir y miedo de pasárselo bien.
A veces la gente camina miedo, duerme miedo, bebe y come miedo, y por supuesto, llora miedo. Él hace tiempo me dijo, que el miedo era lo contrario del amor, yo, torpe de mí le contesté rápidamente: “Será el desamor lo contrario del amor, ¿no?” Que tonto estaba, ahora entiendo aquello que me dijo. Lo veo pasear sin rumbo, porque desde que la conoció ya no tiene un rumbo fijo, y entonces lo comprendo. A veces sale a la calle con la excusa de tragar aire, pero tan solo sale para forzar un encontronazo casual con ella, y que las cosas se arreglen… De todas formas, si tanto la busca y nunca se la encuentra, será que alguien no quiere ser encontrada, o que él, en realidad, tampoco hace mucho por buscarla. Yo de ella se muy poco, sé que es muy bonita, que tiene cara de Luna, sí, de Luna, no sé como explicarlo. De esas caras que necesitas mirar cuando te sientes muy solo, cómo la Luna… No sé, nunca fui un “Sabina”. Hubo un tiempo que lo intenté, pero creo que no era ese mi papel en la Tierra.
De ella hoy ya no se nada, de él lo sé todo. Y a veces, le agarro del alma y le digo: “¿Por qué no sales a buscar otro amor?” Y él me contesta: “Porque tengo miedo”, y siempre añade “¿Ves como el miedo es lo contrario del amor?”… Ahora le entiendo, que tonto estuve entonces… Ahora entiendo todo aquello que me dijo.

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